Tortas de mosto de vendimia

/**Sonando de fondo Lin Cortés - La primavera.





Sois unos golfos, unos vividores y está claro que os va la marcha. Mediados de septiembre y seguís empeñados en estirar los últimos rayos de sol, yendo de terracitas y dándole al tinto de verano como si el mundo se fuese a acabar.  Asumidlo, se terminó por este año. Quedaos en casa leyendo algo de E. L. James, Saramago o, mejor aún, de Mr Wonderful.

Aprovechad para hacer eso tan de blogger de moda y, que a las pobres le da mucha fatiguita, "cambiar el armario". Como si tuvieseis habitaciones de 50 metros cuadrados con vestidor  y zapatero a lo esposa de dictador sudamericano.

Y, hablando de bloggers de moda y de vino,  a ver cuando suben un tutorial, enseñando a agarrar la copa. Posiblemente sean las más rápidas doblando camisetas de Zara y maquillándose como osos panda pero, cada vez que las veo abrazando la copa, como si fuese un litro de kalimotxo servido un un cáliz, me hierve la sangre. Más.

Y siguiendo con el mismo tema, como estamos en tiempo de vendimia , os propongo un plan para esta tarde de ciclogénesis.  Se "llama" Tortas de mosto y os hará asentar la cabeza por unas horas.

Como cualquier masa, necesitará reposo para "subir"; aprovechad ese tiempo para interesaros por los vinos de vuestra tierra. Como yo hice yendo a la vendimia en Bodega Cámbrico.  D.O.P  Sierra de Salamanca .





Seguro que se hacen cosas bien interesantes y vosotros solo compráis agua con polvos y carbónico - Lambrusco de Mercadona- para celebrar que es viernes.







Tortas de mosto 



500 ml de mosto de uva rufete. ( o una autóctona de vuestra zona) /( y no, no sirve el de botella de bar con una guinda).
250 ml de aceite de oliva virgen extra.
1 pastilla de levadura de panadero ( 25 gr)
2 huevos de verdad.
Una pizca de sal.
125 gr de azúcar (No pasarse. El mosto es muy dulce)
Eso tan bonito y tan inquietante de  " Harina: la que admita".
Ralladura de naranja ( opcional)
Anises ( opcional)
Azúcar para espolvorear antes de hornear ( opcional).


Separamos 100 ml de mosto, los templamos hasta unos 35ºC y disolvemos allí la levadura.
Dejamos reposar unos 10 minutos.
Le incorporamos el resto del mosto, el aceite y los huevos. Batimos bien.
Añadimos el azúcar, la pizca de sal, la ralladura de naranja, los anises y la harina poco a poco, para no pasarnos con la cantidad. Al amasar, la harina irá absorbiendo la humedad, así que #OjoCuidado con no pasarse, porque tiene que quedarnos una masa que se nos pegue a las manos.
Amasar un par de minutos sin perder la paciencia por tener las manos pringadas y dejar reposar unos 10 minutos.
Terminar el amasado, tapar con un paño y dejar un par de horas aproximadamente, hasta que doble su volumen.
Presionar ligeramente la masa para que pierda el aire y porcionarla en trozos de unos 70 gr.
Dar forma redondeada a las tortas ( 1,5 cm de grosor aprox) con ayuda de un poco de harina y colocarlas en la bandeja del horno.
Tapar de nuevo y dejar que fermenten a su aire. Tardarán 1 hora más o menos.
Si queréis, para remartarlas, podéis pintarlas con clara de huevo y espolvorearlas ligeramente con azúcar. Dejad al gordopilo que lleváis dentro bien atado, he dicho ligeramente.






Hornear a 170ºC durante unos 8-10 minutos. Vigilando que no se doren ni se hagan demasiado. De lo contrario perderán la gracia y quedarán duras y secas como los pies de un predicador.







Y de momento, esto es todo. Simplemente dar las gracias a @allymaav por la receta.


Amén. Y bienvenidos.



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659 kcal y 500 noches.



Llevaba demasiados años años sin entrar en un McDonalds como para dejar pasar la oportunidad de probar su nueva propuesta. Una hamburguesa con la que esta cadena intenta limpiar su imagen y sanear unas cuentas, que las malas lenguas catalogan de alarmantes.

La idea de que un biestrellado democratice un milésima parte de su cocina y la lleve de gira, para que toda España pueda comer algo que sale de su factoría, puede que suene muy bien sobre el papel, pero "en el calle" tiene menos interés que el Binomio de Newton. Los que tenemos ciertas inquietudes gastronómicas, nos encontramos con un panorama dantesco - ahora voy con eso- y, el público que allí se congrega, no sólo no conoce a Dani García, sino que le importa un pepino quién sea. 
De hecho yo pedí la Burger de Dani García y, se hizo el silencio durante unos segundos. Un silencio que en este caso no fue roto por un grillo, sino por la encargada del local, que se erigió en salvadora, al salir de la cocina murmurando " La Bibo". Artículo que por otra parte casaba genial con la cola para pedir. Allí estaban La Jenni, la Lore y la Ari.

Lo más duro fue responder el cuestionario para pedir mi menú; creo que tardé menos en rellenar el del carnet de conducir. Por un momento dudé de que me fueran a servir la comida. Me sentí inútil porque tenía que pensar las respuestas mientras el resto de cerebritos recitaban de carrerilla el pedido. Pero eso sí, en menos de dos minutos una bandeja sobre la que se podía leer "ver información nutricional al dorso", estaba como la mesa de tu tía la del pueblo. Esa que pone cualquier cosa comestible allí mismo y, que cuando ya has reventado, aún te saca queso o te dice que si te fríe un par de huevos por si te quedas con hambre. 

No dejemos escapar el detalle de la información nutricional. Algunos usan la técnica de la letra pequeña para que la gente no se fije, pero lo de ponerlo a la vuelta es mucho más profesional.  Un español le puede dar la vuelta a los calzoncillos, a los calcetines, a la tortilla, pero a un mantel grasiento jamás. 






El siguiente drama fue encontrar algo con lo que limpiarme. Después de deambular unos minutos por el local, con una bandeja en las manos, como una azafata de Campofrío en Carrefour, logré localizar el único servilletero que había. Lo de que fuera comunitario es una gran idea. Tener un servilletero en cada mesa es casta. Es mucho mejor que la gente empiece a sacar papeles y termine yéndose a su sitio como el perrito de Scottex.


Aunque todo sea dicho, completar esta yincana me hizo sentir más joven. Eso y lo de beber en pajita.






A estas alturas, el hambre que tenía - y la sensación de que todo el mundo me miraba- ya rozaban los límites que cualquier persona puede tolerar. Así que abrí el paquete como ese niño que espera su primer Scalextri. Y como pasaba entonces, los coches se salían de la pista, los mandos estaban rotos y , en general, cualquier parecido con la realidad iba a ser fruto de la casualidad.

Allí estaba, ¿trampantojo de tarta de Santiago? ¿ Guiño templario? ¿representación de la crucifixión  que le va a caer a Dani?
Sea como fuere y viendo el pelucón de lechuga, podían haberle cambiado el nombre. McFunky estaría mejor.





La hamburguesa que emocionó a Manuel Torreiglesias. Dos veganos de cada tres  veganos se han puesto cachondos al ver la foto. Tronchos de lechuga de Tudela para comer o fumar. La crecida del Ebro tiene estas cosas. 





Una vez podada, pude darle la vuelta y ver que la base tenía un tono doradito bien atractivo. Ojo que esta burger no se presente por el PP en las próximas elecciones. Hasta la presidenta catalana está menos enganchada a los rayos UVA.
De la grasa y eso no hablamos. Si el jamón ibérico suda y eso es buena señal, ¿por qué no lo va a ser en un pan de hamburguesa?






Después tenemos lo del queso ibérico. Es como las míticas sabatinas de nuestra infancia, pero con tufarro. No es de cabra, ni de vaca, ni de oveja, es de Boomer.



Apeticible imagen de Burger sacándote la lengua.


Y vamos con la salsa. Rica, aunque con cierto regusto a prefabricado. Claro que al estar en contacto con esa cantidad de recauchutados, es todo un logro que sepa así. Las salsas son "el gabinete de comunicación" de muchos platos. Por sí mismas pueden arreglar muchos desaguisados y, en este caso, dada su escasez, no lo consiguen ni de lejos. Golosa, punto de acidez muy logrado, ahumada - tanto que me acabo de oler las manos y me siento Georgie Dann-, sabrosa y con un picante muy bien trabajado. Una pena que le hagan un Lewinsky manchándola tan poco.





Daba por hecho que la carne el preparado de carne sería lamentable y no decepciona. Seca como los pies de un Apostol, picada hasta el punto de no saber si estás comiendo carne y , con un sabor -a pesar de los potenciadores-, que navega entre la nada y la antimateria.






Por aquellas cosas de poner un punto crujiente le añaden cebolla frita. Concretamente es esto que parecen chicharrones de cebolla.






Ya sé que no viene muy al caso, pero el menú venía con patatas fritas. Olían a patio de comunidad a las 21:30 y se presentaban en tamaños irregulares; las había pequeñas y crujientes, pero también largas como el palo con el que Moisés abrió la aguas, aunque con textura morcillona.






Pero yendo al grano y nunca mejor dicho, lo que más me llamó la atención, fue la cantidad de sal que tenían. Sospecho que se las fabrica Grefusa, porque ese baño es muy propio de las pipas.



Mano chorretosa y salada después de comer un par de patatas. 



 Y bueno, que después de media hora, vinieron los de Odyssey a rescatar mi mantel y encontraron esto.






Lo dicho, 659 kcal y 500 noches.


Amén.


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